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viernes, 16 de octubre de 2015

Crítica: Iron Maiden – Somewhere in Time



Hay álbumes que te dejan marcado para toda una vida. Puedes recordar con perfecta claridad y exactitud el día que lo escuchaste por primera vez y cómo te invadía esa sensación de emoción al encontrar esa pieza de orfebrería musical que, sin darte cuenta, estabas buscando desde hace mucho tiempo. Y no estoy hablando solamente de la música, sino también de las letras, de la portada, del libreto del álbum e incluso de los conciertos de la gira de dicho trabajo que encapsulan esa época tan particular del artista en cuestión. Es como si esa obra tomara vida propia y pintara imágenes en los lienzos de tu mente. Vivencias como ésas no tienen parangón. Un servidor sabe de lo que habla puesto que lo revive cada vez que escucha el magno Somwehere In Time de Iron Maiden. O como yo lo llamo: el álbum olvidado de la Doncella de Hierro.



En las postrimerías de la World Slavery Tour 84/85, gira que cimentaría a la banda de Steve Harris como el grupo de Heavy Metal por excelencia de los años 80s, Iron Maiden era una agrupación agotada física, mental y creativamente luego de la brutalidad de un tour tan extenso. Cuenta la leyenda que tal era la extenuación de la banda por esos tiempos que sus últimos conciertos de esa gira eran de un nivel bastante pobre y que ya no podían dar más de sí mismos luego de haber hecho casi doscientos conciertos en doce meses. Una razón bastante entendible cuando se sabe que el combo británico llevaba cinco álbumes y un directo en cinco meros años –todo eso entrelazados con giras voluminosas que iban en crecimiento luego de cada álbum. Por primera vez en esa década –y cosa que se volvería una norma a partir de ahí-, la banda decide tomarse un tiempo libre para recuperar la energía perdida en tan cruento tour para luego pensar en ideas para el sucesor de su seminal quinto trabajo, Powerslave. A pesar de haber sido un álbum muy exitoso y la gira fue igualmente magnífica, cosa que se puede constatar en el directo Live After Death, había dejado secuelas que con el pasar de los años afectaría el porvenir del grupo. Y todo eso empezaba desde el micrófono.




Bruce Dickinson fue el más afectado por el rigor de la World Slavery Tour y el futuro piloto de aviones reconoció en años posteriores que ya no le quedaba nada en el tanque como fuerza creativa y que había barajeado la posibilidad de abandonar al grupo por el hecho de que pensaba que no podría repetir todo el proceso una vez más. Sentía que no le quedaban energías para continuar luego de que había pasado por la dificultad tan dura de cantar cinco o seis noches por semana, cosa que es harto difícil para un vocalista de su registro. Finalmente, lo convencieron para continuar en la banda; y bien hicieron porque la actuación vocal de Bruce en este álbum es de las mejores en toda su carrera. Pero hay que destacar que el vocalista no fue el único en sufrir por esa gira; Steve Harris también reconocería posteriormente que su mente estaba totalmente frita luego de la misma. Incluso el mismo Adrian Smith, quien una vez contó una anécdota de que estaba tan pero tan extenuado y afectado que luego de la gira fue a visitar a sus padres y acabó tocando en la puerta de la casa equivocada.



Luego de sus vacaciones –que iban a ser seis meses, pero que acabaron siendo solo cuatro por decisión de Harris y el manager de la banda, Rod Smallwood-, la preparación del sexto opus de la Doncella se vio entorpecida por las sugerencias de Dickinson que instaba a sus compañeros a darle un giro musical absoluto al combo inglés. Pensando que ya habían alcanzado su zenit artístico en el ámbito metalero, sugirió hacer un trabajo de corte más acústico. Steve Harris, ejerciendo su papel de mandamás sin dubitaciones de Maiden, descartó la posibilidad a las primeras de cambio porque “así no era Iron Maiden”. Es por eso que al ser rechazadas sus ideas en las composiciones, Bruce Dickinson no tiene ni un solo crédito en los temas de Somewhere in Time y, citándolo, “solo ejercí el rol de cantante”. Es importante destacar lo sucedido en este trabajo porque comenzó a cimentar ciertos aspectos en la dinámica de la banda: demostró la predominancia de las personalidades de Harris, Dickinson y Smith como las fuerzas creativas del trabajo. Y además de eso, dejaba las primeras muestras de un Bruce que no estaba 100% a gusto con la propuesta del combo y que quería hacer otras cosas que no encajaban con el modus operandi del mismo. Martin Birch, el productor de la banda en los 80s, lo dijo en su momento: que a veces temía que Dickinson e incluso el propio Adrian aportaran mucho porque sus ideas solían alejarse un poco más de la cuenta de la ideología de Iron Maiden. Y es por eso que podemos comprender cómo el deseo de Dickinson de arriesgarse, romper el libreto e ir por algo totalmente nuevo terminaría por colisionar con la claridad musical de Harris hasta acabar en un solo desenlace: su retiro de la banda. Pero eso pasaría muchos años después y nos adelantamos a los hechos.



Sin el aporte de un vocalista que no estaba pasando por un momento de lucidez creativa, Adrian Smith dio un paso al frente con sus composiciones para complementar las de Harris. Y aquí me detengo para decir que el nacido en el Este de Londres nunca ha tenido el reconocimiento merecido como compositor y es uno de los principales bastiones del triunfo musical de Iron Maiden en su glorioso periplo ochentero. Aquí aprovecha la vacante de Dickinson para tener el protagonismo que su figura ya demandaba por esos años y se despachó tres joyitas en el trabajo. Éste es, en muchos sentidos, el álbum de Adrian Smith en Iron Maiden, y ése es uno de los principales motivos de la excelsa calidad del trabajo del ’86.


Conceptuado en Nueva Jersey y luego grabado en las Bahamas, Somewhere in Time fue concebido como un intento por parte de los británicos de adaptarse a las nuevas costumbres musicales y tecnológicas que se estaban fraguando por allá en 1.986. El uso de sintetizadores, reverb en las vocales y un golpeteo más electrónico en la batería fueron los elementos populares de la década que hallaron cabida en el sonido del grupo en esta obra. Para bien o para mal, éste es el trabajo más ochentero de su catálogo, y eso sería uno de los motivos divisorios entre los fans para apreciar el álbum: a algunos les disgustaría la introducción de estos elementos y a otros les parecería interesante el giro de tuerca al ya clásico estilo de la banda. Quien suscribe ciertamente se encuentra en el segundo grupo.




Entonces, ¿por qué el Somewhere in Time es el álbum olvidado en el catálogo de Iron Maiden? Porque, con el pasar de los años, se ha convertido en un trabajo que ha quedado en tierra de nadie en la historia del grupo. Genera opiniones contrastadas en el mismísimo seno de la banda puesto que no terminan de valorarlo en su entereza e incluso el propio Dickinson, quien nunca estuvo muy a gusto en el proceso de grabación del álbum, lo ha juzgado como “un álbum de ideas inconclusas” y “solo otro álbum de Iron Maiden”. A diferencia de su álbum hermano en el campo experimental, el Seventh Son of a Seventh Son –no hay que desdeñar la influencia de la sexta obra sobre la séptima-, no tiene la misma apreciación de sus autores. Creo que esto se debe a raíz de las críticas iniciales que cosechó el trabajo en la época de su publicación por el nuevo sonido “comercial” y por el hecho de que nunca ha sido un trabajo tan exitoso como los anteriores. En cierto modo, aquí comenzó el contacto de la banda con las opiniones divisivas. Siempre ha sido el álbum del que menos se habla, que menos tocan en vivo y es el periodo de la historia de la banda que menos repercusión ha tenido. Pero que todas esas vicisitudes no los alejen de la realidad: Somewhere in Time es uno de los mejores trabajos de Harris y los suyos. Para mí, es el mejor y a continuación les explicaré el por qué.



Tomamos el álbum con nuestras manos y lo primero que nos atrapa, que nos cautiva, es la magnífica portada con el Eddie cibernético transitando un mundo futurístico reminiscente al evocado en la película Blade Runner de 1.982 mientras les dispara a un pobre bastardo que probablemente osó hacerle frente. La ilustración completa muestra a los cinco miembros y un sinfín de detalles que te sumergen en una realidad distante con muchos a la historia del grupo: Ancient Mariner Seafood Restaurant, Aces High Bar, 23:58 PM, Phantom Opera House… y la lista de detalles sigue interminablemente. Derek Riggs siempre será el diseñador gráfico por antonomasia del grupo y aquí nos encontramos con su trabajo consagratorio; un miembro importantísimo para unificar todas las ideas de la banda en un arte gráfico claro y con una personalidad muy marcada. Para mí, ésta es LA portada del Heavy Metal; de ésas que te atraen a escuchar el álbum y te traslada a su mundo tan peculiar, como el acoté en la introducción. Vamos al mundo del Eddie del futuro y contemplemos esta música atrapada en algún lugar del tiempo.




Cuando Adrian y Dave Murray nos agracian con esas guitarras dobles que abren el álbum en Caught Somewhere in Time, sabemos que las cosas han cambiado, aunque sea de la forma más leve posible. Se nota en las guitarras más sintetizadas, el bajo más imperante (de lo usual) y una batería que resuena más… pero entonces cambia el ritmo a una de esas galopadas tan de ellos como si nos dijeran “tranquilos, que esto sigue siendo Iron Maiden”. La adrenalina que fluye por tu cuerpo al escuchar esta trepidante pieza asciende cuando Bruce prorrumpe en la cuestión y ya notamos que su voz está mejor que nunca. Una canción que tiene leves, ínfimos, toques Progresivos en la sección instrumental que termina con ese golpeteo de batería de McBrain que nos hace retornar a la melodía principal de la canción. Oído con lo que hace Nicko con las baquetas en este trabajo: aquí se despacha a gusto en la batería y cuaja, en dura pugna con el Seventh Son…, su mejor actuación detrás del kit. Un opener del más alto calibre y la introducción perfecta para adentrarnos al mundo que estos cracks han preparado para nosotros.



Casi sin dejarnos respirar, Adrian nos da la bienvenida a Wasted Years con sus ya característicos punteos y las tenues partes de bajo de Harris que sirven como un complemento idóneo para la delicada orfebrería de un guitarrista que nunca fue el clásico shredder que tan popular era en la década sino más bien un preciosista de los detalles. Dickinson le pone mucho sentimiento al asunto y cuando se llega al estribillo podemos entender que éste es el primer paso de Maiden a la clara e innegable comercialidad –y está bien mientras las canciones tengan la calidad de Wasted Years. Escuchen el más que reconocido y aclamado solo de Adrian donde va in crescendo hasta conectarse con el estribillo de la canción; uno de esos solos que se toman su tiempo y que van partiendo de una base que es la melodía principal. Sencillamente brillante, técnico y con gancho –uno de los mejores momentos de Adrian.



Si Wasted Years fue un coqueteo de la Doncella con las masas más “popperas”, entonces Sea of Madness irrumpía en el panorama para dejar bien en claro que los ingleses no se habían amilanado con un comienzo devastador –de lo más pesado en el catálogo de la banda- y un Harris que carga el peso de la composición con sus ritmos galopantes de bajo que se asemejan a los de toda una horda de caballos que arrasan iracundos. El corte despliega un aura un tanto mística y hay un pequeño interludio apaciguado donde la voz de Dickinson es apoyada por una vocalista femenina que prefirió permanecer en el anonimato. El estertor de la canción es pura canción y es uno de los puntos más fuertes del trabajo. No tiene desperdicio.




Por más que lance rosas y lisonjas al trabajo que tenemos aquí, no es una obra perfecta y eso lo denota el siguiente tema, Heaven Can Wait. Ahora, no me malinterpreten: me parece una canción disfrutable, energética y que puede entretener al oyente, pero que dista de la calidad que ostenta el resto del trabajo. Es la pieza más comercial y accesible del álbum junto a Wasted Years con su estribillo “fácil” y una sección intermedia con cánticos futboleros. No tengo nada en contra de esta canción, pero me parece la más descartable del trabajo y pienso que es como una abolladura en un álbum de tan alta calidad.



Inspirada en la novela del mismo nombre, The Loneliness of the Long Distance Runner se mueve rápida, agitada y casi inquieta con unos riffs que empujan al tema con un Dickinson que parece evocar al corredor de las líricas de Harris. Es una pieza monotemática en su propuesta, pero bastante emocionante y no te aburres en ningún momento; es velocidad avasalladora que, por más raro que se lea, no suena a nada más de esa época. Y eso es lo realmente encantador y fascinante de Somewhere in Time: no suena a nada más en la escena de esos años. Harris y compañía comenzaban a tener rivales variados en la forma del Thrash Metal, pero el grupo seguía reinventándose y sacando conejos musicales de sus sombreros. Estaban en un periodo demasiado fructífero, creativamente hablando.

 

A ritmo de la batería de Nicko y con unos riffs más sintetizados que nunca, Stranger in a Strange Land es un medio tiempo bastante gozador donde se denota una vez más la pluma de Adrian y la mano de Harris con un bajo que fluye con una naturalidad pasmosa en toda su duración. Dickinson canta de una manera más introspectiva esas letras melancólicas mientras que la canción consigue una cierta majestuosidad. Gran trabajo en las guitarras de Murray y Smith, demostrando una vez más su grandeza como uno de los binomios más sorprendentes en las seis cuerdas.




Guitarras misteriosas y con un leve tinte Blues hacen las veces de intro en Deja-Vu –la única composición con el aporte del no siempre reconocido Dave Murray. Una canción muy en línea con lo que hacía Maiden por esos años con unas melodías de guitarras bastante “cantables” y una batería portentosa de Mr. McBrain. Dickinson hace un cambio de registro en algunas secciones para luego irrumpir con toda la clase e histrionismo que le es tan característico. Ahora nos tocaba el plato fuerte, amigos. El gigante de toda esta cuestión. Espero que estén preparados.



Alegorías a la historia, histrionismo y grandilocuencia musical, mucha influenza Progresiva: la esencia misma de las épicas de Iron Maiden en un solo corte –la legendaria Alexander The Great. Inspirada en la vida del emperador macedonio, este tema de la Doncella hace mucho énfasis en la teatralidad sonora, pero no deja de lado el buen hacer de los músicos y aquí podemos constatar eso con un trabajo minucioso de los guitarristas; realmente cargan el peso de la composición en esta obra maestra. Dickinson la borda en esta canción y demuestra que, a pesar de que su voz quedó hecha remiendos en la última gira, aquí está en, tal vez, la mejor forma de su carrera. El final es apoteósico y totalmente memorable; se me erizan los pelos al escuchar ese característico “He died of fever in Babylon!!!” en el anochecer del tema. Uno de esos temas injustamente olvidados por el grupo –como todo el álbum, para ser justos- y que nos muestra el nivel, el nivelón, que ostentaban estos hijos de sus reverendas madres en los 80s. Era la cúspide artística del mejor grupo de Heavy Metal de los 80s encapsulada en este magno e irrepetible Somewhere in Time.




La gira para promocionar el trabajo, ingeniosamente llamada Somewhere in Tour, es uno de los momentos más controversiales entre los fans de la Doncella por un simple hecho: la falta de documentación fílmica del tour mismo. Con el pasar de los años, casi todas las giras de los 80s de Maiden han tenido sus respectivos videos en vivo oficiales e incluso extensos documentales acerca de esa época en particular; Somewhere in Time solo tuvo uno compartido con el Seventh Son. Por el otro lado, hay que decir que la escenografía, la cantidad de artilugios (Eddies inflables, arte futurística e incontables promociones usando la parafernalia de la portada) e incluso el atuendo tan peculiar de Bruce de viajero en el tiempo hicieron de esta gira una bastante especial a los ojos. Desafortunadamente, incluso en la gira de promoción, las canciones no tuvieron el apoyo que necesitaban: Loneliness of the Long Distance Runner fue removida del setlist luego del primer concierto, Sea of Madness no fue tocada en la gira norteamericana y Alexander The Great no sería tocada en general a favor de, una vez más, la épica de Powerslave, The Rime of the Ancient Mariner. Debido a la enorme cantidad de conciertos del tour pasado, disminuyeron el número de los mismos y por se puede escuchar a una banda mucho más fresca en diferentes bootlegs; les recomiendo el Children of the Devil, si quieren escuchar lo más cercano a un Live de esta gira. Maldito sea Rod Smallwood por no permitirle a Harris que grabara un video de esta gira.



Esto no ha sido más que un humilde intento de un servidor por rendir homenaje a un álbum que significa muchísimo para mí y que encarna todos los aspectos que amo de esta música: melodía, velocidad, técnica, pasión, intensidad, buen hacer, arte de primer nivel… un cúmulo de elementos que hacen del sexto trabajo de la banda de Steve Harris la epítome de su sonido. Tal vez es su encanto de álbum olvidado lo que le hace un poco más especial al resto, pero es que Somewhere in Time simple y llanamente tiene algo. A pesar de que los miembros de la banda nunca creyeron al 100% en la calidad de este trabajo, lo que hicieron aquí atrapa un momento de inspiración bastante singular: el pasaje instrumental de Caught Somewhere in Time, el interludio apaciguado de Sea of Madness, las vocales de Bruce en Deja-Vu o la irrepetible majestuosidad de Alexander The Great son solo algunos momentos que quedarán para siempre grabados a fuego en lo profundo de mi Metal Heart. Somewhere in Time: un álbum olvidado en la interminable distancia del tiempo.

4 comentarios:

  1. Hola Kevin soy Angel, desde luego que has empezado fuerte, vaya discazo nos has traido para dar vida a la andadura de tú blog.
    Ya sabes que personalmente he comentado que siempre he tenido preferencia por el Powerslave como disco definitivo de Maiden, pero desde hace tres años para aca el que más escucho y me gusta (y ha desplazado de nº 1 al Powerslave ) es este disco.
    Los temas son de ordago, recuerdo cuando salió al principio se me hizo un poco cuesta arriba el sonido que tenía el plástico, pero según lo fuí oyendo me atrapo.
    Y es que temas como Caught somewhere in time, Wasted Years, Stranger in a strange land no se paren todos los días, o otra de mis favoritas: Alexander the great.
    Que lleve el peso de la composición Adrian fué un acierto y le da ese aire más hard rockero y accesible que el plástico tiene, con canciones preciosas, que creo que han envejecido muy bien, digan lo que digan.
    Un abrazo y mucha suerte con está nueva andadura.
    P:D: ya te tengo en favoritos para ir siguiendo tus pasos, un abrazo campeón.

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    1. Saludos, Ángel. Muchas gracias por seguirme y créeme que tus opiniones son siempre valoradas :)

      En cuanto al álbum, siempre ha sido mi debilidad con Iron Maiden. Es un trabajo que, como bien dices, ha envejecido brillantemente y que ha significado mucho para un servidor. Creo que incluso los mismos miembros de la banda nunca le han dado el merito que se merece.

      ¡Saludos!

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  3. hola Kevin, soy Rob, yo también te voy a seguir al igual que Angel y espero muchos mas. Interesante tus primeros aportes el de la entrevista a Blackmore en el 85 y este excelente disco de Maiden, para mi entre sus cinco mejores trabajos.
    Alucinantes canciones con partes instrumentales superiores, melodías asombrosas, sencillos impactantes como wasted years o deja vu, la magna alexander the great. Un Bruce a tope y una magia que llega a la portada, Riggs era mucho Riggs. Sin duda un icono este pepinazo de la doncella, para mi el Powerslave y el Number están un poco por delante, pero después ya vendría este, el Piece of Mind y el Seventh son. Buen arranque, mucha mierda, como se dice en teatro! abrazos.

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