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viernes, 18 de marzo de 2016

Crítica: Rage – End of All Days



¿Nunca les ha pasado que se encuentran saturados por haber escuchado a los mismos grupos una y otra vez hasta que nada parece sacarlos de ese sentimiento de hastío en el que se han sumergido? ¿Que sienten que ya lo han escuchado todo y necesitan algo que, de la nada, los “despierte” de ese estado de aburrimiento? A mí me había pasado hace ya casi cuatro meses hasta que me topé con esta maravilla de los alemanes Rage –grupo trabajador y de nivel donde los haya-, el poco conocido End of All Days. Si ustedes son como yo y están buscando un álbum que de verdad se apodere de ustedes, los inmersa en un headbanging brutal y se vuelva su compañero durante mucho tiempo, no busquen más que este trabajo de los Peavy es un trabajo fenomenal y de los que ya no se hacen.

Rage son ese tipo de banda en la línea de Saxon, Overkill o Motörhead: agrupaciones que, sin alardes o polémicas, han sabido construir y cimentar carreras duraderas que han dejado una buena cantidad de álbumes de un alto nivel. Y los de Rage son un combo que nunca ha tenido el crédito merecido y que siempre ha abogado por progresar en sus carreras a través de buen Metal. Los germanos no la tuvieron fácil al haber sido coetáneos generacionales de entes como sus paisanos Power de Helloween, Blind Guardian, Grave Digger y Running Wild o sus hermanos más agresivos como Kreator, Sodom, Tankard y Destruction. A pesar de la poca recepción en un estrato internacional, el aplomo y la calidad de la agrupación de Peavy Wagner –vocalista, bajista, compositor, corazón, riñones y pulmones de la banda- no puede ser debatido y en pleno apogeo de las corrientes menos propensas al Metal de corte más clásico como fueron los 90s, éstos caballeros se sacaron de la manga este poderoso End of All Days tras una seguidilla magnífica de álbumes como The Missink Link, Trapped! y Black In Mind.

La alineación fue la misma que hizo el Black In Mind en 1.995 y podemos atestiguar que el grupo se hallaba en un estado de forma envidiable con los Efthimiadis en la guitarra y en la batería, además de Sven Fischer en las otras seis cuerdas. Lo que hace realmente brillante a este álbum –y a Rage, para esos efectos- es la habilidad nada desdeñable de abarcar diferentes estilos de canciones y diferentes experimentaciones sin jamás perder esa identidad y esencia de Metal de la vieja escuela que es tan característica en la banda. Se mueven por todos lados, pero sabemos de dónde vienen, por así decirlo. End of All Days tiene material para todos los gustos y supone un álbum un tanto olvidado en el gran espectro del Metal en una época donde se fraguaba una evolución masiva de múltiples vertientes en el género y muchos grupos, muchos tremendos grupos, no contaron con la difusión necesaria. Los de Rage entran en la categoría expuesta, pero que nadie se equivoque, ¿eh? Éste álbum puede mirar de tú a tú a muchos álbumes de las vacas sagradas y salir bastante bien parado.

El estilo de estos alemanes se ha convertido en una debilidad personal de un servidor con esa propuesta donde mixturan el lado más contundente del género con melodías que se quedan en tu cabeza y con un Peavy que se muestra flexible en las vocales, pero sin perder esa tonalidad tosca tan de él. Sin adentrarnos mucho en el álbum, el puñetazo en la cara que supone Under Control como corte de apertura es la prueba fidedigna de que aquí no estamos tratando con ningunos segundones o los típicos Helloween wannabes que tanto pululan por Europa; estamos tratando con unos músicos experimentados y que han aprendido a través del fallo y el error para hacer obras de este nivel. La canción es vertiginosa, poderosa, pesada y con melodías vocales que engancharán a los más escépticos con el grupo; en esencia, Rage encapsulado en cuatro minutos intensos y viscerales. El tándem de guitarras fue un valor agregado a un grupo que hasta Black In Mind operaba con un solo seis cuerdas y le otorgó al grupo (más) contundencia.

Un clásico de la era moderna del grupo en Higher Than The Sky: una de las composiciones más comerciales del álbum, pero que integra riffs bastante buenos y un coro pegajoso como pocos. Este grupo siempre ha tenido mucha influencia del Speed Metal e incluso un poco del Thrash, pero aquí se denotan poderosamente sus raíces de Power Metal germano. Menos velocista y con más énfasis en los riffs se muestra Deep in the Blackest Hole con un Peavy empleando la flexibilidad señalada en sus vocales y con el binomio de guitarristas ejecutando un set de melodías bastante bueno para erigir una canción gozadora como pocas. End of All Days tiene catorce canciones y tal vez eso pueda parecer pesado, pero la realidad es que escucharlo en un momento de tranquilidad se hace bastante sencillo y es un álbum de fácil escucha sin muchas florituras de sus autores –hacen canciones efectivas y de calidad sin alardes técnicos.

El tema título tal vez baja un poco el nivel a mi criterio; no sé, siempre la he visto un poco repetitiva, pero ése soy yo. De todas maneras, es una pieza rápida en la línea de Higher Than The Sky en su estructura de riffs pegajosos y un estribillo que se queda clavado en la cabeza de uno. Reconozco que Visions, por el otro lado, es una debilidad personal con su cambio constante de ritmos, un Peavy imperial y unas guitarras que parecen alternarse entre los riffs rompe cráneos y la elasticidad melódica de otros pasajes del álbum. Una canción más Power Metal y con un porte tal vez más alegre que las canciones previas, pero sin perder el punto de lo que es Rage. Como dije al comienzo de la entrada, la banda no está exenta de darse sus momentos de variedad y en Desesperation atestiguamos una cuasi-balada de los germanos, aún con su dosis sana de riffs afilados en algunas partes de la canción.

Voices From The Vault es más atmosférica que las canciones previas en su comienzo para posteriormente convertirse en un Heavy Metal clásico reminiscente a Accept –al menos para mí porque varios conocidos me han dicho que no lo ven el parecido a sus paisanos- que, a mis oídos, tal vez es la más débil hasta el momento del álbum. Me parece que nunca termina de despegar. El nivel sigue manteniéndose alto con Let The Night Begin, una pieza similar a la previa pero más gozadora, en mi opinión, aunque es tal vez durante el intermedio donde el trabajo flaquee un poco. Uno de los puntos altos es con los ritmos más de ultratumba de Fortress, donde podemos escucharlos dejando de lado la velocidad y la premura para enfocarse más en el feeling y en atrapar al oyente con los tremendos guitarristas que se gastan y un Peavy cargando el peso de la composición. Un tema que debe ser escuchado para contemplar a Rage fuera de su elemento y haciéndolo de muy buena manera.

¿Extrañaban la energía y la esencia Speed de estos muchachones? Pues Frozen Fire iguala la agresividad de Under Control y es una composición ávida de hacer headbanging en un concierto lleno de metaleros borrachos. Peavy muestra su lado más pendenciero y ruge como un león arrecho; por el otro lado, el baterista se faja con el doble bombo y las guitarras hacen un trabajo bastante típico yendo por la yugular, pero siendo efectivos en el proceso. Manteniéndose en la estela más pesada de su propuesta, Talking To The Dead hace una ínfima mezcolanza de la brutalidad de sus cortes más brutos con los más melódicos para tener como producto final una canción brillante y de las mejores del álbum.

Más y más tralla con estribillos memorables en la forma de la resoluta Face Behind The Mask, que es una canción similar en conceptos a Visions o el tema título. Una de las más hímnicas del End of All Days es Silent Victory con unas vocales bastante buenas de Peavy y unas guitarras que determinan el andar de la canción de manera brillante para desembocar en un coro que, a mi criterio, tal vez sea un poco predecible. Esta magnífica demostración de Metal en todo el sentido de la palabra termina con mucha clase; Fading Hours es una tenue balada de piano que evoluciona en un final épico y memorable que haces las veces de epílogo para nosotros tras habernos adentrado en el viaje de uno de los trabajos olvidados de los 90s y que debería ser revisitado por cualquiera que desee escuchar Metal de nivel.

End of All Days es un buen álbum. Muy bueno. Tal vez hasta es fantástico. Su fortaleza es que las composiciones son un seguro de vida; Rage y sus miembros varían en la propuesta, pero siempre conscientes de qué ofrecer y qué desean sus oyentes. Son una banda que, como dije previamente, no se distraen con florituras ni nada por el estilo; lo suyo es proveer a sus fans de un producto sólido y con contenido, cosa que es, sin ninguna duda, este trabajo que debería ser mucho más valorado. Como sus creadores. Pero bueh, más para nosotros, ¿no es así?

lunes, 26 de octubre de 2015

Crítica: Paul Di'Anno's Battlezone – Fighting Back



Había una vez, en una tierra lejana –unas islas, para ser preciso-, un príncipe rebelde. Éste príncipe no era de sangre azul o curtido en la alta sociedad; era un príncipe que hizo gala de su carisma y de su garra para codearse con la crema innata de su reino. En su camino, se topó con una doncella; una doncella como ninguna que él (o nadie) hubiera conocido. Él, intrigado por la singularidad de esta doncella, se atrevió a ir detrás de ella –siendo nuestro protagonista un pordiosero que se había convertido, a base de personalidad y talento natural, en un miembro de la realeza. La doncella y el príncipe rebelde encontraron entre ellos un idilio que parecía destinado a la eternidad y a una gloria inusitada en la historia del reino; pero nuestro protagonista no pudo con los demonios que lo descocían desde su interior y pronto, sin darse cuenta, su doncella, aquella con la que iba a conquistar más reinos en el horizonte, se fue con otro forastero. Mientras el príncipe rebelde se ahogaba en sus demonios, la doncella había encontrado al hombre con el que se volvería una reina absoluta –su complemento perfecto con el cual se sentiría entera. Aquí, nuestro relato se bifurca en dos senderos pero la mayoría se queda con el camino de la doncella y el príncipe idílico. ¿Qué pasó con aquel príncipe forajido perdido en sus tinieblas? Pues él siguió por el camino de la perdición y trató de recuperar su trono por su cuenta. No habría doncella porque ya no la necesitaba; se iba a entronar por su cuenta. Y así, sin hacer mucho alarde e inequívocamente olvidado por el mundo, el príncipe rebelde iba a responder a la pelea. Por si no lo captaron, estoy hablando de Paul Di’Anno, el primer vocalista de la historia de Iron Maiden.



Pobre Paul: simplemente no dio pie con bola luego de su más que celebérrimo éxodo de la banda de Steve Harris. Di’Anno, con su actitud y sus vocales tan crudas, fue una parte vital de la primera encarnación del grupo más grande de la historia del Metal; álbumes como el homónimo y el Killers son los cimientos con los cuales se comenzó el legado de la Doncella –y Paul tuvo mucho que ver en ello. Era un vocalista atrevido, salvaje, ineducado y déspota; era la yuxtaposición idónea de la música tan perfectamente balanceada entre melodía e intensidad de Harris. Era caos aunado a perfección sonora. Pero así como era un frontman descomunal y un vocalista que no sonaba como ningún otro, era igual de inestable por sus adicciones y eso terminó por costarle su puesto en Iron Maiden. Y luego llegaría Dickinson para tomar el testigo y erigirse como la voz suprema del mejor combo musical que ha producido nuestra música en cinco álbumes irrepetibles; todo a expensas de un Di’Anno que se lanzó a las profundidades del abismo, de la bebida y de las drogas luego de su expulsión de ese Jardín del Edén musical. Afortunado como pocos de tener ese puesto, lo dilapidó.




El gran espectro del mundo metalero sepultó a Paul en los anales de la historia luego de sus dos álbumes con Maiden y es fácil entender por qué: el tipo nunca montó un grupo consistente ni colaboró con ninguno que produjera algo que derivara en algún tipo de éxito, sea netamente comercial o artístico. Eso no quiere decir que no lo intentó y el malogrado vocalista se montó diferentes proyectos de estilos muy variables, siendo el que nos toca hoy, Battlezone, el más destacable. Este proyecto fue establecido luego de que el primer grupo luego de su salida de Maiden, Di’Anno, se separara tras un mero trabajo que dejó sensaciones agridulces por su sonido más Pop y amigable para las masas. Paul Di’Anno se trata de Metal intenso y crudo con su más que constatada influencia Punk; no se trata de ser user-friendly para los oyentes. Pues, éste nuevo grupo nació para satisfacer a aquellos oyentes que lo querían escuchar en su faceta más metalera y desatada. Así que en 1.986 unió fuerzas con John Wiggins (Tokyo Blade) y John Hurley en las guitarras, Sid Falck (Overkill) en la batería y Pete West (Jackal) en el bajo para crear el primer trabajo de su nuevo proyecto, Fighting Back.



Desde el principio, la batalla de Paul para hacer olvidar su pasado con la Doncella era cuesta arriba, pero igual eso no importaba; al sujeto le encanta dar guerra. Battlezone es la respueta de Di’Anno a Harris; su forma de decirle al bajista “hey, yo no los necesito a ustedes y voy a triunfar a mi modo”. Este primer opus de este más que interesante proyecto es un sonido netamente metalero clásico con uno que otro tinte de Thrash y Speed, estilos que a nuestro protagonista siempre les atrajo. Aquí escucharemos un par de guiños a la Doncella, pero con la impronta de un Paul que se rodeó de buenos instrumentistas y soltó su infierno sonoro tan característico. Tiempo de darle play al álbum y tiempo de pelear. Que Paul tiene su batalla personal.




La que da el puntapié inicial al álbum es Welcome to the Battlezone donde imperan riffs muy en la onda de lo que hacían Accept y Judas Priest durante años y con un Paul que sigue sonando con tanta mala y agresividad como en sus años con Maiden, pero dejando esos momentos más melódicos en su voz. El estribillo es trepidante y con un patrón en la batería más reminiscente a los grupos de Thrash –recuerden que ya estamos en 1.986 y ahí ese estilo ya estaba bien asentado. Paul no se ha amilanado un poco, hombre. Running Blind empieza con un talante de balada apaciguada donde los guitarristas crean una atmosfera muy atrapante mientras que Di’Anno aprovecha esto para demostrar que cortes como Remember Tomorrow, Strange World o Prodigal Son no eran coincidencia sino una constante en su voz. Luego de ese minuto tranquilo, la canción se transforma en una apisonadora sónica con unos ritmos matadores y un Di’Anno que se nota cómodo en estas tesituras tan intensas, rayando en Thrash Metal. Como dato curioso, éste era el tema con el que abrían los conciertos con ese inicio relajado y luego la aceleración.



Mucho Heavy clásico de la NWOBHM es expresado en Welfare Warriors con los riffs de Wiggins y Hurley –el tema que más hace resonar el pasado de Paul. Una canción con una melodía y estructura muy marcadas por las guitarras. Too Much To Heart –que alguien me explique la traducción de ese título que no lo entiendo muy bien- apesta a Hard ‘n’ Heavy de los 80s con ese estilo hímnico y ese patrón en las baterías de un Falck que ya comenzaba a cimentarse como un baterista de armas tomar; estamos ante una canción que también ostenta una cierta solemnidad en las guitarras y donde Paul cuaja una gran actuación vocal. Éstos eran los tiempos donde Di’Anno era el amo y encarnaba el “truismo” que pregonaban los Manowar; no solo atrapaba al oyente por sus dotes de vocalista, sino por la actitud y la forma en la que te vende el asunto. Battlezone no reinventa nada que no se haya escuchado por esos años, pero lo hace con estilo. Un corte como Warchild, con todo y su velocidad atronadora, se escucharía un tanto mundano si no fuera el nacido en Londres el que cantara. Iron Maiden y Killers siempre estarán en la cima de su carrera, pero aquí hay mucha genialidad y hay que saber entender que aunque jamás igualó a la Doncella –ni siquiera cerca-, sí supo ofrecer material de calidad, al igual que reverendas porquerías. Como cualquier músico.




(Forever) Fighting Back es locura acelerada de la NWOBHM con un muy buen doble bombo y riffs de guitarra amalgamados al Speed Metal que se fraguaba por esos años con un Paul que parece sentirse como un pez en el agua en este contexto. Uno de los cortes más Heavies y con una aura 100% Priest es Feel the Rock y sus ritmos a medio tiempo, partes de guitarra trabajadas y un Paul que no para de derrochar talento. Altamente comercial (pero aún así me encanta, lo reconozco) es Voice of the Radio, donde la banda se despacha una muy buena actuación –no son nada del otro mundo, pero son competentes y cumplen su cometido- y nuestro protagonista sigue haciendo de las suyas. El estribillo es extremadamente pegajoso y les aseguro que se les va a quedar en la cabeza al finalizar la canción; si no es así, me como mi propio pie… ok, no, pero ustedes me entienden. Como preludio al plato fuerte del álbum, la power ballad del álbum es In The Darkness con un Di’Anno magistral en las vocales y la banda en plan Saxon/Accept/Priest con una instrumentación totalmente deudora a esos grupos. Una pieza entretenida, directa y que sirve para dejarnos preparados para lo que viene.



The Land God Gave to Cain es una de las mejores canciones que Paul Di’Anno ha fabricado en toda su maldita carrera; una demostración de casi ocho minutos donde nos hace saber que, en su día, podía competir contra cualquiera en su ámbito. Los riffs de la canción son de lo mejorcito del trabajo, Paul está en su plenitud vocal y la canción es un carrusel de pasajes que rozan en lo épico sin sonar amilanados o delicados –toda la pieza está impregnada con la crudeza y la suciedad musical de Di’Anno. Hay un breve pasaje en el ecuador de la canción donde se entrelazan guitarras semi-acústicas con el vocalista entonando en un tono bastante solemne para luego retornar, de manera progresiva y brillante, a la dureza sonora que hemos experimentado hasta el momento. Una canción que termina imperiosa, apasionada y con una técnica, una majestuosidad, que pocas veces se le ha atestiguado a Paul y que creo que nunca más escucharemos en su carrera al ser hoy en día un despojo de lo que una vez fue. Una de esas canciones que deben ser escuchas como un metalero de calidad. Una forma excepcional para terminar un álbum totalmente gozador y que es de ésos debuts que muestran a una banda con las ideas clarísimas.




En mi no tan humilde opinión, Battlezone fue el proyecto donde más sobresalió Paul Di’Anno luego de su éxodo de Maiden; creo que aquí se rodeó de músicos que comprendían sus inquietudes musicales y se enfocaron en hacerlo brillar. Fighting Back es uno de esos trabajos donde ha resaltado como pocas veces la voz de Paul y te hace entender que él está ahí entre los grandes a base de carisma, talento y actitud. Por supuesto, y como le pasó en Iron Maiden, los malos roces con sus compañeros, la ley y sus adicciones terminaron por destrozar a una agrupación que pudo haber sido, a la larga, su regreso a la tarima principal del Heavy Metal. Paul Di’Anno es un personaje condenado a la animosidad y esclavo a sus demonios internos; un triste Icarus que trató de volar tan alto que acabó por perderlo todo en aras de una vida que lo despojó de una gloria que merecía. Tantos arrestos, problemas legales, vicios, maltratos a su voz y rupturas de agrupaciones han mancillado el legado de uno de esos caudales de talento que pudo haber tenido una carrera brillante y que solamente podrá pensar en que dilapidó una oportunidad por la que todos hubiéramos matado.



Había una vez un príncipe, desterrado, desgraciado y sin doncella, que siguió vagando por tierras distantes. Aún busca reinos que conquistar, guerreros que vencer y pueblos que hurtar. Pero ya su cuerpo ya no es lo que era y su alma, tan agotada y menguada por las adversidades, no puede empujarlo como antes. Rechazó las promesas del cielo que le ofreció la doncella por la lujuria de un destino nublado en la tierra de los mortales. Un príncipe que pudo haber sido rey de miles de reinos ahora no es más que un plebeyo con un pasado glorioso. Un plebeyo que sigue luchando contra la corriente.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Crítica: Blind Guardian – Tokyo Tales




Álbumes en vivo tal vez los haya mejores, más importante en la historia de nuestra música y con más parafernalia visual; pero pocos, muy pocos, pueden transmitir ese feeling que solo el Metal expresado a su máximo puede evocar. Sólo un puñado de directos en las interminables páginas de este género han sabido ser la epítome de una banda; ser la sublimación de su sonido y ser una captura auditiva del mejor momento de sus carreras para toda la eternidad. Un álbum en vivo no es solo una actuación en directo de una banda; es ese momento donde se plasma y se encapsula lo que un grupo fue en un momento muy especial de su existencia. Cuando los germanos Blind Guardian publicaron el magno y seminal Somewhere Far Beyond en 1.992, habían finalmente conquistado el mercado europeo y se convirtieron en uno de los grupos por excelencia de toda la escena –pero faltaba plasmar ese éxito con un directo. El primer álbum en vivo de estos guardianes amantes de la literatura de Tolkien no es solo un directo de categoría; es el punto más alto de Blind Guardian como grupo y la cúspide de sus carreras.





Somewhere Far Beyond finalmente los había posicionado en los primeros puestos de la cadena alimenticia metalera europea; luego de años y años trabajando como una banda de segunda división desplegando una mixtura de Heavy, Thrash, Power y Speed Metal con mucha temática épica y con las singulares vocales de Hansii Kürsch, el grupo oriundo de Harmburgo había logrado cimentarse como un ente musical consolidado y, más importante aún para sus cuentas bancarias, comercialmente viable. Los tres primeros trabajos fueron brillantes y este cuarto los mostró como un grupo en su plenitud; una agrupación que había conseguido esa madurez como músicos –tal como le había pasado a Maiden en Powerslave o a sus paisanos de Accept con Balls to the Walls. Podemos debatir calidad, pero lo que no se puede discernir es la importancia de Somewhere Far Beyond como el punto de quiebre, para bien o para mal, de la carrera de los bardos inmortales de Alemania –ése punto donde dejaron de ser plebeyos para ser reyes de las tierras fantasiosas. Así que tocaba grabar ese instante de gloria en la memoria colectiva de todos aquellos que pregonaban ser fans de la banda y, por supuesto, del Metal veloz y portentoso; Tokyo Tales nació destinado para ser un directo imperecedero y único en su haber. Si me apuran, creo que éste es el mejor concierto de una banda alemana desde el Tokyo Tapes de Scorpions, con el Staying a Life de Accept pisándoles los talones a los guardianes. La triada sacra de los conciertos germanos.



Este directo es uno de esos momentos que me marcaron y que cambiaron mi vida como metalero. Recuerdo el día que lo escuché por primera vez: estaba comenzando en la universidad hace unos años y aún tengo fresco el hecho de que por tres meses lo escuché non stop. No solo eran las canciones que estaban maravillosamente compuestas; era el despliegue de intensidad, poder y vida que emanaban de ellas; cómo los riffs eran atronadores como cualquier banda de Thrash; cómo las melodías que impregnaban a todas las canciones eran embriagadoras; y las estupendas vocales de un Hansi que, como cantante, es una debilidad de un servidor –su forma tan entrañable y personal de cantar es lo que más separa a Blind Guardian del resto de los grupos. A finales del ’92, Tokyo vivió uno de los capítulos más grandes del Heavy Metal alemán y cómo estos de Hamburgo se encumbraron en el mismísimo ecuador de sus carreras. Un directo memorable y ardiente como las llamaradas de un Balrog cuyo único defecto palpable es la portada. ¿En serio? ¿No pudieron haber hecho algo un poco más trabajado? Pareciera que estaban apurados y dijeron “Sí, sí, sí, Marcus, vamos con ésa y ya”. Pero bueno, lo compensaron con su trabajo.



Los nipones no sabían qué esperar, pero en Inquisition, la introducción que inicia todo el asunto, ya se les puede escuchar coreando el nombre de la banda y envueltos en una algarabía incontenible. Entonces desatan el caos con aquel misil de Speed Metal que es Banish From Sanctuary del gran Follow the Blind; un corte veloz, afilado y que evoca todas las idiosincrasias de la banda en sus comienzos. Hansi suena incluso mejor que en el estudio –entendible, ya había aprendido a cantar de manera más técnica-, André y Marcos se escuchan de puta madre en las seis cuerdas y Thomen, el elemento perdido en los últimos álbumes de la banda, se cuaja una actuación monumental en todo el trabajo. El tema como abreboca está perfecto; pero créanme que la cosa solo iba a mejorar de aquí en adelante.




Hansi no es el frontman más inspirado de todos, pero cumple. El maestro de ceremonias nos invita al primer tema del nuevo álbum, la épica y poderosa Journey Through The Dark. Una canción con mucho Speed, guitarras con carácter y estribillos matadores; una de las primeras canciones en realmente aunar lo épico de lo que vendría con lo Metal que habían hecho hasta ese momento. La banda se cuaja una actuación fenomenal en esta canción; cada vez que la escucho me invaden diferentes sensaciones de energía, pasión e incluso un leve tono de melancolía al pensar que actuaciones como ésta ya no sean habituales en el grupo. Una canción que estoy seguro que puede levantar a cualquiera de la pesadumbre y del negativismo; una de las mejores piezas del catálogo de los bardos. De monarcas del Speed/Power Metal épico a ser seguidores de la movida épica barata. De líderes a seguidores. Qué triste.



El vocalista motiva al público para entonar la melodía principal del primer guiño al Tales From The Twilight World, Traveler in Time. En honor a la verdad, siempre me pareció el tema más discreto de este directo pero eso no le quita lo bueno, ¿eh? Que aquí estos muchos estaban volando y te podrían vender un corte de Michael Bolton como si fuera una maldita pieza de Morbid Angel y tú te lo hubieras creído. El estribillo siempre me ha recordado a los Helloween más clásicos y aquí escuchamos por enésima vez por qué el binomio de Marcus y André es uno de los más infravalorados de la historia del Metal; dos guitarristas ultra competentes que siempre supieron hacer su trabajo sin muchos alardes. Bajamos un poco a la tralla (pero solo un poco, cálmense) con The Quest for Tanelorn –uno de los platos fuertes de la velada. Una canción memorable, con una estructura más épica y con la banda pisando derroteros un poco más Progresivos. El estribillo es una orgía enaltecedora de melodías que impregnan a todo tu ser con un sentimiento de solemnidad que te transporta a las historias fantasiosas que narran en todas sus canciones. Blind Guardian estaban comenzando a mutar en algo menos pesado, pero en Somewhere Far Beyond habían atisbado el balance perfecto entre lo metalero y lo grandilocuente; The Quest for Tanelorn es un ejemplo claro de esto. Malditos japoneses afortunados que pudieron vivir este concierto.



La intensa y magistral Goodbye My Friend muestra esa mixtura entre la melodía del Power Metal europeo y la contundencia del Thrash americano; una canción con partes de guitarra sorprendentes y en la que Hansi se despacha una actuación memorable –oído a ese estribillo fenomenal que se gastan en la pieza. Uno de los platos fuertes de la velada es Time What Is Time que es una demostración absoluta del Metal épico mejor facturado en Alemania; aquí se presenta la magia, intensidad y poderío que hacía este grupo en su apogeo (o sea en el momento del concierto). Ésta fue la primera canción que escuché del grupo y la que me adentró a su mundo musical; un punto sacro en mi vida como metalero al encontrarme con semejante temazo que emana tantas emociones en casi siete minutos de pura magia. Oído a ese mini solo de piano por parte de Marc Zee, quien hace las veces de tecladista invitado. Simplemente escuchen el tema y déjense llevar por la clase de Hansi, Marcus, André y Thomen.




Viajemos de regreso a los tiempos más primigenios y básicos del Battalions of Fear con el primer clásico de la banda, Majesty. Cuando la banda daba sus primeros coletazos como un ente netamente de Speed Metal y la vertiginosidad de los riffs de sus guitarristas eran su punto base; la primera gran demostración de Blind Guardian como un combo de armas tomar. Pero es que en esa noche salieron con ganas de matar y no iban a dar tregua; cuando apenas recobramos un poco de nuestras fuerzas, nos ataca con salvajismo una de las mejores composiciones del grupo y un clásico imperecedero del Metal germano, Valhalla. Como un desastre natural que avasalla todo aquello que se planta en su desdichado sendero, esta canción de los bardos hace trizas a todos aquellos que osan hacerle frente. Los riffs suenan agresivos, Hansi suena más intenso que nunca –y cuaja una muy buena interpretación de las partes de Kai Hansen en estudio- y el estribillo le concede un aura de clase a todo el asunto. Siempre se me erizan los pelos con ese último pasaje sosegado donde Hansi entona de manera más placida el estribillo –una tranquilidad enriquecedora después de tan cruenta tormenta. Dos puntos altamente recomendables del trabajo.



El concierto es una algarabía sin final, los nipones están entregados y el grupo, agradecido, recompensa el compromiso de sus fans con una actuación para la historia. Como si fuera poco, continúan asestando tralla tras tralla; esta vez con Welcome To Dying presentándose más fuerte, más dura y más rabiosa que en su versión del álbum del ’90. Y es que eran especiales en esos años; en esta canción te golpean, te machucan, pero nunca dejan de lado ese aspecto melodioso que le daba un toque singular a su música junto a las peculiares vocales de Hansi. Entre tanta estridencia, la balada basada en la magistral obra de Tolkien, Lord of the Rings, se muestra como un instante de paz. Una muy buena pieza que va progresando hasta su final histriónico, pero que en ningún momento busca pasarte por encima sino adentrarte con su atmosfera a los mundos del escritor inglés y cautivarte con los maravillosos arreglos cuasi sinfónicos de la banda –el comienzo de lo que sería una progresión musical inexorable hacia lo grandilocuente.




Lost in the Twilight Hall es una de las mejores canciones de los alemanes y aquí suena increíblemente poderosa –uno de esos cortes creados y conceptuados para ser tocado en vivo. Una exquisita pieza donde las palabras sobran; solo escuchen y deléitense ante esta memorable mixtura de Metal fantasioso, agresivo y habilidoso. Brillante. La verdadera locura para terminar el directo es con el cover de Barbara Ann de The Regents y entrelazarlo con partes de Long Tall Saly de Little Richard. Si me preguntan, ésta es la única parte no tan buena del concierto: la versión les sale muy divertida, pero para eso se hubieran lanzado un Somewhere Far Beyond, Run For The Night o un Tommyknockers. Aunque creo que eso es quisquilloso de mi parte cuando en estas dos noches –el concierto fue grabado en dos noches en Tokyo- lo dieron todo por la causa y se cuajaron una actuación para la eternidad.

 

En definitiva, Tokyo Tales es la culminación y el punto cumbre de la trayectoria de estos germanos distribuida en doce joyas pretéritas que durarán eternamente en esta tierra; es el legado de estos cuatro bardos para el mundo. Cada gran artista será recordado por sus fans por un momento en particular y yo los recordaré por estas canciones despachadas en Tokyo; sinceramente puedo decirles que he pasado semanas escuchando cada pieza una y otra vez en los últimos años. Tokyo Tales, tal vez de haber nacido en otra época hubiera sido un clásico del género, pero tal no es el caso. Es un directo que no tiene nada que envidiarle a los mejores de la escena y que demuestra una energía que no tiene comparación. Directos hay muchos y directos buenos también; directos que te cambien y signifiquen un antes y un después en tu existencia… no tantos. Tokyo Tales es un momento especial que retumba con ecos de eternidad y que todo metalero debe escuchar.