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jueves, 31 de marzo de 2016

Crítica: Slayer - Repentless.



Quienes me han leído con asiduidad en este lugar o en algunas otras páginas que frecuento como escritor –ustedes saben cuáles son-, estarán enterados de que la mayoría de los álbumes que he reseñado son aquellos que me gustan o de los que trato, por lo menos, de extraer cosas positivas. Un amigo una vez me dijo que, en su debido momento, me tocaría escribir sobre obras por las que no sienta mucha predilección, cosa que es verdad, pero la realidad es que siempre he preferido escribir acerca de lo que me gusta en lugar de despotricar contra un trabajo o una banda en particular por el mero hecho de que una canción, una obra e incluso una carrera me ha decepcionado –en especial cuando siempre hay alguien que puede apreciar cosas en dichos casos que tú no aprecias. Un pensamiento bastante altruista de mi parte, lo sé. Habiendo dicho eso, en los últimos meses he desarrollado esa necesidad de expresar lo que opino y siento hacia una agrupación que siempre ha sido enaltecida como una especie de grupo intocable por lo que emanan para sus aficionados –aunque esta costumbre es bastante notoria en casi todos los fans del Heavy Metal-, pero que ha hecho tantas burradas en los últimos tiempos que finalmente pienso que tengo algo que decir al respecto con mis dos centavos de opinión: Slayer y una carrera que se ha ido al garrete. Esto último cubre los últimos 25 años.

Los tiempos recientes han sido complicados para la banda de Tom Araya y Kerry King. La tercera separación del combo norteamericano con su baterista fundador e icono, Dave Lombardo, no pudo haber sido de peor manera con él soltando linduras acerca de King y cómo la agrupación es manejada como un negocio donde una pieza tan importante como él no veía mucha compensación monetaria por sus servicios –todo esto derivó en una novela dramática acerca del manejo del sustento financiero de Slayer como si fueran un banco o una empresa de cualquier índole. Cosa que es entendible –al fin y al cabo, un grupo de esta envergadura ya es más un negocio que una fuerza artística-, pero que demuestra la falta de apreciación hacia una figura que es uno de los rasgos sonoros más característicos de Slayer –la batería de Lombardo es clave para comprender lo que es la banda de California. Ojo, yo respeto totalmente la carrera de los de King a través de los años: sus cinco primeros álbumes son seminales para el desarrollo del Metal extremo, su directo es uno de los mejores del mundo e incluso he disfrutado con algún que otro tema suelto de sus obras posteriores al gran Seasons in the Abyss de 1.990. Pero es escuchar las constantes peleas por dinero, las problemáticas insulsas con otras bandas y el maltrato verbal al fallecido Jeff Hanneman por parte de su otrora compañero King y me hago la pregunta: ¿Qué tan diferentes son los Slayer actuales de los Metallica a los que se ha denostado a ultranza en los últimos veinte años? Cielos, me leo y sueno como un fanático irredento de los de Ulrich –que también he dicho que se merecen su respeto por su pasado y su crítica respectiva por el presente-, pero digo esto para ilustrar el contexto de putrefacción administrativa que circunde a la banda de Kerry King y Araya.

Todo esto estaría bien si la calidad de la música de Slayer –o el producto que ofrecen, si nos queremos mantener en la jerga de negocio- se mantuviera en un cierto estándar –después de todo, hay muchos artistas de diferentes disciplinas y épocas que han alegado que los periodos de tensión sacan lo mejor de ellos. La progresión de la banda de Thrash Metal es interesante en el sentido de que su modus operandi ha cambiado desde su cenit en los 80s y principios de los 90s en comparación con el resto de su carrera: de mantener una base musical sólida y de hacer leves, pero importantes modificaciones en su sonido (los 80s y principios de los 90s) a mantener la misma línea de trabajo a partir de mediados de los 90s –exceptuando la experimentación de Diabolus In Música, claro está. Quienes digan que Slayer y compañía nunca han experimentado en su sonido no saben de qué va esto, en mi opinión; uno escucha el Hell Awaits en toda su gloria impía y suena claramente diferente a la precisión y contundencia de un Seasons in the Abyss. ¿Qué me pueden decir de la velocidad avasalladora de Reign In Blood en comparación de los ritmos más densos, sombríos y atmosféricos de South Of Heaven? Y ninguno de los álbumes acotados se asemeja al génesis más Heavy y “venenoso” de la banda, Show No Mercy. Verán, debajo de lo que parecía ser una inamovible filosofía sonora yacía una plétora de creatividad en Slayer que les permitía hacer álbumes de Thrash Metal fenomenales y al mismo tiempo mantenerse frescos e incluso un tanto innovadores; un duro y cortante contraste con su versión actual que peca de repetitividad y entregan con una consistencia alarmante trabajos que, a oídos de un servidor –no represento en absoluto a ningún otro oyente de la banda-, no aportan a su catálogo ni al de sus fans.

Repentless no es un álbum de Slayer; es sólo otra pieza más en el narcisista castillo musical de Kerry King que debería ser llamado “Kerry King feat. Tom Araya – Repentless. La participación de dos músicos de primer nivel como Gary Holt en la guitarra y Paul Bostaph en la batería reemplazando al gran Dave Lombardo es algo totalmente superfluo en el desarrollo del sonido de la banda –principalmente porque el sonido no es más que un refrito constante y la banda ya no es una como tal. Yo estaba seguro de que el álbum iba a sonar como suena, pero tenía la vaga ilusión de que los fichajes de estos dos tremendos músicos harían que el estilo de Slayer mutara un poco hacia algo diferente; no mejor o peor, sino simplemente diferente. Trabajos sempiternos como Hell Awaits, Reign in Blood o South of Heaven eran álbumes oscuros, poderosos e intensos; pero se basaban en unas composiciones brillantes y con una musicalidad que les permitía variar de forma leve (aunque notable en su impronta) el sonido de la banda en cada entrega –cosa que no hacen desde hace mucho tiempo. Un álbum tan vilipendiado como Diabolus in Música, con todas las virtudes y defectos que pueda acarrear, era por lo menos un intento de la banda de variar un poco y salirse de la rutina. Sí, probablemente fue un experimento fallido, pero había un intento por reestructurar una fórmula agotada. Curiosamente, ese álbum había sido conceptuado en casi su entereza por Hanneman –saquen sus propias conclusiones. Y en muchos casos, probar algo diferente te permite desarrollar nuevas virtudes; pero creo que pedirle innovación a los de Los Ángeles es como pedirle un trío a dos modelos suecas: sabes que te vas a llevar una decepción, pero de todas formas guardas la tenue esperanza de que te digan que sí. Al final sabemos cómo acaban ambos casos, ¿verdad?

Escuchar Repentless es como ver una película de Arnold Schwarzenegger en los 80s: sabes exactamente lo que vas a recibir y hay aproximadamente un 0% de sorpresa en la propuesta. Sólo que Slayer no te vende el producto con el carisma y aplomo del austríaco; al contrario, hacen el proceso de escucharlo cada vez más difícil de digerir. Podría hacer un análisis extensivo de cada tema, pero eso sería caer en un esfuerzo superfluo e innecesario. Lo que impera en este álbum es la pesadez estilística de la banda por seguir estirando un sonido del que ya no pueden extraer más ideas o conceptos; todo se basa en los mismos ritmos rápidos y conocidos que, por más brutales que suenen, se han convertido en algo totalmente predecible. Y es que todo lo que puedan esperar de los Slayer de hoy en día está aquí: velocidad abrasadora, riffs afilados de King –Holt solo está para hacer lo que el pelón le diga- y un Araya que grita como un poseso en el 95% del álbum. Sucede que hemos escuchado eso un millón de veces ya. Por eso hago hincapié acerca de la inclusión de Holt y Bostaph puesto que dos músicos de este talante deberían tener mayor potestad en las composiciones, pero sólo siguen los patrones de los designios del patrón. El problema de los Slayer actuales radica en el hecho de que suenan pesados y caóticos por el simple motivo de la reputación que conlleva ser Slayer. Para ellos, es casi una obligación sonar como suenan y no es ninguna sorpresa que el resultado final sea así cuando realmente no quieren sonar así; y si dicen que lo desean, se están engañando a sí mismos como aficionados porque no atisbo el menor resquicio de calidad o pasión en esta obra, más que tenues destellos en algunas piezas del álbum.

Claro, el álbum es un éxito en ventas en varias partes del mundo y la prensa “especializada”, sin el menor coraje para decirles sus verdades al grupo por temor a perder una entrevista, les rinde pleitesía a este disque trabajo llamándolo “una obra maestra” o “un retorno de los maestros”, así que King puede dormir tranquilo a sabiendas de que no han publicado básicamente nada y han obtenido una ganancia de ello, al más puro estilo de empresa capitalista salvaje. Éste es un trabajo arrogante y forjado bajo el precepto de que pueden hacer pasar cualquier cosa como un álbum de Slayer y salirse con la suya. Ojo, yo no critico a la banda por su deseo de generar dinero a base de sus trabajos puesto que al final del día viven de ello; critico el hecho de que publiquen álbumes totalmente innecesarios e intrascendentes en su discografía por el mero hecho de forrarse los bolsillos –que al aficionado, por más pasional y parcial que pueda ser, no se le puede ofrecer cualquier porquería o despropósito. Slayer han sido vapuleados (justamente) por sus aficionados por las acciones nocivas y dictatoriales de un líder que ha perdido el control de la banda y no sabe qué hacer al respecto, además de encender el piloto automático, hacer más álbumes innecesarios y aprovechar las proezas de su directo para seguir capitalizando con el deseo de sus aficionados de verlos en vivo –esto último siendo algo totalmente entendible, desde la óptica de ambas partes puesto que consiguen un beneficio mutuo. No importa para nada el retorno de Lombardo hace unos años, ni que fallezca Jeff, ni que músicos de primer nivel como Holt o Bostaph –quienes han hecho muy buenos álbumes en los últimos años- se unan a Slayer. Nada de eso importa. Hoy en día, esta banda es una empresa que gira en torno a un músico desfasado y que actualmente no puede componer un tema decente para salvar su vida llamado Kerry King. Repentless es la representación absoluta de los Slayer que tenemos hoy: sosos, repetitivos y sin ideas. Un grupo pesado y ruidoso que nos pone a todos a dormir.

viernes, 18 de marzo de 2016

Crítica: Rage – End of All Days



¿Nunca les ha pasado que se encuentran saturados por haber escuchado a los mismos grupos una y otra vez hasta que nada parece sacarlos de ese sentimiento de hastío en el que se han sumergido? ¿Que sienten que ya lo han escuchado todo y necesitan algo que, de la nada, los “despierte” de ese estado de aburrimiento? A mí me había pasado hace ya casi cuatro meses hasta que me topé con esta maravilla de los alemanes Rage –grupo trabajador y de nivel donde los haya-, el poco conocido End of All Days. Si ustedes son como yo y están buscando un álbum que de verdad se apodere de ustedes, los inmersa en un headbanging brutal y se vuelva su compañero durante mucho tiempo, no busquen más que este trabajo de los Peavy es un trabajo fenomenal y de los que ya no se hacen.

Rage son ese tipo de banda en la línea de Saxon, Overkill o Motörhead: agrupaciones que, sin alardes o polémicas, han sabido construir y cimentar carreras duraderas que han dejado una buena cantidad de álbumes de un alto nivel. Y los de Rage son un combo que nunca ha tenido el crédito merecido y que siempre ha abogado por progresar en sus carreras a través de buen Metal. Los germanos no la tuvieron fácil al haber sido coetáneos generacionales de entes como sus paisanos Power de Helloween, Blind Guardian, Grave Digger y Running Wild o sus hermanos más agresivos como Kreator, Sodom, Tankard y Destruction. A pesar de la poca recepción en un estrato internacional, el aplomo y la calidad de la agrupación de Peavy Wagner –vocalista, bajista, compositor, corazón, riñones y pulmones de la banda- no puede ser debatido y en pleno apogeo de las corrientes menos propensas al Metal de corte más clásico como fueron los 90s, éstos caballeros se sacaron de la manga este poderoso End of All Days tras una seguidilla magnífica de álbumes como The Missink Link, Trapped! y Black In Mind.

La alineación fue la misma que hizo el Black In Mind en 1.995 y podemos atestiguar que el grupo se hallaba en un estado de forma envidiable con los Efthimiadis en la guitarra y en la batería, además de Sven Fischer en las otras seis cuerdas. Lo que hace realmente brillante a este álbum –y a Rage, para esos efectos- es la habilidad nada desdeñable de abarcar diferentes estilos de canciones y diferentes experimentaciones sin jamás perder esa identidad y esencia de Metal de la vieja escuela que es tan característica en la banda. Se mueven por todos lados, pero sabemos de dónde vienen, por así decirlo. End of All Days tiene material para todos los gustos y supone un álbum un tanto olvidado en el gran espectro del Metal en una época donde se fraguaba una evolución masiva de múltiples vertientes en el género y muchos grupos, muchos tremendos grupos, no contaron con la difusión necesaria. Los de Rage entran en la categoría expuesta, pero que nadie se equivoque, ¿eh? Éste álbum puede mirar de tú a tú a muchos álbumes de las vacas sagradas y salir bastante bien parado.

El estilo de estos alemanes se ha convertido en una debilidad personal de un servidor con esa propuesta donde mixturan el lado más contundente del género con melodías que se quedan en tu cabeza y con un Peavy que se muestra flexible en las vocales, pero sin perder esa tonalidad tosca tan de él. Sin adentrarnos mucho en el álbum, el puñetazo en la cara que supone Under Control como corte de apertura es la prueba fidedigna de que aquí no estamos tratando con ningunos segundones o los típicos Helloween wannabes que tanto pululan por Europa; estamos tratando con unos músicos experimentados y que han aprendido a través del fallo y el error para hacer obras de este nivel. La canción es vertiginosa, poderosa, pesada y con melodías vocales que engancharán a los más escépticos con el grupo; en esencia, Rage encapsulado en cuatro minutos intensos y viscerales. El tándem de guitarras fue un valor agregado a un grupo que hasta Black In Mind operaba con un solo seis cuerdas y le otorgó al grupo (más) contundencia.

Un clásico de la era moderna del grupo en Higher Than The Sky: una de las composiciones más comerciales del álbum, pero que integra riffs bastante buenos y un coro pegajoso como pocos. Este grupo siempre ha tenido mucha influencia del Speed Metal e incluso un poco del Thrash, pero aquí se denotan poderosamente sus raíces de Power Metal germano. Menos velocista y con más énfasis en los riffs se muestra Deep in the Blackest Hole con un Peavy empleando la flexibilidad señalada en sus vocales y con el binomio de guitarristas ejecutando un set de melodías bastante bueno para erigir una canción gozadora como pocas. End of All Days tiene catorce canciones y tal vez eso pueda parecer pesado, pero la realidad es que escucharlo en un momento de tranquilidad se hace bastante sencillo y es un álbum de fácil escucha sin muchas florituras de sus autores –hacen canciones efectivas y de calidad sin alardes técnicos.

El tema título tal vez baja un poco el nivel a mi criterio; no sé, siempre la he visto un poco repetitiva, pero ése soy yo. De todas maneras, es una pieza rápida en la línea de Higher Than The Sky en su estructura de riffs pegajosos y un estribillo que se queda clavado en la cabeza de uno. Reconozco que Visions, por el otro lado, es una debilidad personal con su cambio constante de ritmos, un Peavy imperial y unas guitarras que parecen alternarse entre los riffs rompe cráneos y la elasticidad melódica de otros pasajes del álbum. Una canción más Power Metal y con un porte tal vez más alegre que las canciones previas, pero sin perder el punto de lo que es Rage. Como dije al comienzo de la entrada, la banda no está exenta de darse sus momentos de variedad y en Desesperation atestiguamos una cuasi-balada de los germanos, aún con su dosis sana de riffs afilados en algunas partes de la canción.

Voices From The Vault es más atmosférica que las canciones previas en su comienzo para posteriormente convertirse en un Heavy Metal clásico reminiscente a Accept –al menos para mí porque varios conocidos me han dicho que no lo ven el parecido a sus paisanos- que, a mis oídos, tal vez es la más débil hasta el momento del álbum. Me parece que nunca termina de despegar. El nivel sigue manteniéndose alto con Let The Night Begin, una pieza similar a la previa pero más gozadora, en mi opinión, aunque es tal vez durante el intermedio donde el trabajo flaquee un poco. Uno de los puntos altos es con los ritmos más de ultratumba de Fortress, donde podemos escucharlos dejando de lado la velocidad y la premura para enfocarse más en el feeling y en atrapar al oyente con los tremendos guitarristas que se gastan y un Peavy cargando el peso de la composición. Un tema que debe ser escuchado para contemplar a Rage fuera de su elemento y haciéndolo de muy buena manera.

¿Extrañaban la energía y la esencia Speed de estos muchachones? Pues Frozen Fire iguala la agresividad de Under Control y es una composición ávida de hacer headbanging en un concierto lleno de metaleros borrachos. Peavy muestra su lado más pendenciero y ruge como un león arrecho; por el otro lado, el baterista se faja con el doble bombo y las guitarras hacen un trabajo bastante típico yendo por la yugular, pero siendo efectivos en el proceso. Manteniéndose en la estela más pesada de su propuesta, Talking To The Dead hace una ínfima mezcolanza de la brutalidad de sus cortes más brutos con los más melódicos para tener como producto final una canción brillante y de las mejores del álbum.

Más y más tralla con estribillos memorables en la forma de la resoluta Face Behind The Mask, que es una canción similar en conceptos a Visions o el tema título. Una de las más hímnicas del End of All Days es Silent Victory con unas vocales bastante buenas de Peavy y unas guitarras que determinan el andar de la canción de manera brillante para desembocar en un coro que, a mi criterio, tal vez sea un poco predecible. Esta magnífica demostración de Metal en todo el sentido de la palabra termina con mucha clase; Fading Hours es una tenue balada de piano que evoluciona en un final épico y memorable que haces las veces de epílogo para nosotros tras habernos adentrado en el viaje de uno de los trabajos olvidados de los 90s y que debería ser revisitado por cualquiera que desee escuchar Metal de nivel.

End of All Days es un buen álbum. Muy bueno. Tal vez hasta es fantástico. Su fortaleza es que las composiciones son un seguro de vida; Rage y sus miembros varían en la propuesta, pero siempre conscientes de qué ofrecer y qué desean sus oyentes. Son una banda que, como dije previamente, no se distraen con florituras ni nada por el estilo; lo suyo es proveer a sus fans de un producto sólido y con contenido, cosa que es, sin ninguna duda, este trabajo que debería ser mucho más valorado. Como sus creadores. Pero bueh, más para nosotros, ¿no es así?

domingo, 7 de febrero de 2016

Crítica: Forbidden – Raw Evil: Live at the Dynamo



Los EPs siempre han cumplido una función bastante clara en el mundo de la música: dejar a la audiencia queriendo más. En los 80s, tal vez la época en donde el balance perfecto entre calidad musical y accesibilidad en el mercado existió, la función de estas mini publicaciones era servir como un entremés mientras nuestros artistas favoritos elaboraban sus nuevas obras para deleitarnos. Normalmente, éstos EPs contenían uno que otro tema nuevo y un par de versiones en vivo o alguna rareza compositiva que se hubieran dejado en el tintero durante el proceso de grabación de sus álbumes previos. De vez en cuando, algunas agrupaciones de Metal –que es lo que hablamos en este Blog, al fin y al cabo- publicaban una suerte de mini Live en estos formatos y eran unas rarezas encantadoras que podían mantener a cualquiera deseoso de saber más al respecto. La banda estadounidense de Thrash Metal, Forbidden, se sacaron de la manga este breve pero avasallador EP de su actuación en el ahora extinto festival Dynamo de Holanda en el ’89 donde conquistaron como cual emperador romano metalero a cientos de europeos. Una joya olvidada del Metal extremo de los 80s cuyo defecto genuino es que extremadamente corto.

Aunque nunca consiguieron colarse en la elite del Thrash, los de Forbidden estaban en un momento de forma pletórico durante la grabación de este pequeño directo –es una captura de una banda en su apogeo. Forbidden Evil fue, para un servidor, uno de los mejores debuts que se podían escuchar del sub-género Thrash por esa época y la calidad de la agrupación de Russ Anderson y Craig Locicero era incuestionable entre la infinidad de grupos under que trataban de hacerse con un resquicio en la comunidad metalera. Con un debut seminal y rebosante de agresividad, vocales estratosféricas –el trabajo de Russ Anderson raya en lo world class en este debut, a mis oídos- y una técnica depurada, los de California partieron a Eindhoven para hacerse con un lugar en un festival notorio como el Dynamo donde grupos de una calidad igual de notoria (y con destinos tristemente similares como el de nuestros protagonistas) como Armored Saint, Savatage, Holy Moses o Sacred Reich también se presentaron. La competición era feroz en las catacumbas del Metal y había que entretener al personal mientras se componía el siguiente trabajo –que acabaría siendo el notable Twisted Into Form-, así que estos muchachones se sacaron de la manga este Raw Evil: Live at the Dynamo: cuatro canciones que sirvieron para atrapar y ensordecer a cualquier que estuviera dispuesto a escucharlo. Y créanme, mis amigos: ustedes quieren escucharlo.

Su título no pudo haber sido más preciso: maldad cruda. La maldad está sobreentendida una vez que se escucha la música, pero la crudeza radica en que ésta es una grabación bastante natural de una banda en pleno auge de su concierto y envueltos con la agresividad que emana el Thrash Metal. He escuchado a personas decir que no es la actuación más “prolija” de la banda en esta gira. ¿A quién le importa? El Metal nació para ser tocado con pasión y cojones; Forbidden en el ’89 tenían de sobra por esas fechas. Sí, la versión de Judas Priest es la última canción del concierto y la ponen de primera; sí, Alvelais y Locicero fallan aquí y allá en la guitarra; sí, Bostaph no siempre se oye con completa claridad y el sonido del EP es extremadamente crudo. Y yo reitero: ¿A quién le importa?

Raw Evil es un episodio singular y necesario en el Thrash Metal: los putos Forbidden en directo cuando más mandaban en el underground y promoviendo su inolvidable debut. Éstas son las cosas y los momentos por los que amo este maldito género musical. Siéntate, amigo, y escucha conmigo estos cuatros actos de catedra acerca de cómo se toca, desde el corazón y las entrañas, el Thrash Metal visceral y poderoso. Se nos vienen los Forbidden en Eindhoven, nene.

Como dije con anterioridad, el EP comienza con la versión de Judas Priest, Victim of Changes. Aunque al comparar una de las dos partes siempre queda lastimada u ofendida, he de decir que esta interpretación de los norteamericanos le hace justicia a la original y los instrumentistas le agregan un toque un poco más pesado que la producción más (lógicamente) setentera del Sad Wings of Destiny. Russ Anderson es uno de los mejores vocalistas del Thrash y escucharlo tocar esta bestialidad de canción, desafiando los registros anormales de Rob Halford, son una prueba fidedigna de su portentosa voz. Una versión que gustará al fan de Priest al igual que al de Forbidden que le interese escucharlos en una faceta más “light”, por así decirlo. El final es apoteósico y se despachan un vendaval de guitarras fenomenal, incluyendo unos chillidos de Anderson que atraparán a cualquiera como ése sostenido que finiquita toda la cuestión. Excelentes. Pero nadie va a un concierto por los covers, ¿verdad? Queremos la sangre, la violencia y la intensidad del magno Forbidden Evil –lo exigimos, mejor dicho.

El tema título de su ópera prima prorrumpe como la irrupción de un volcán y las estupendas secciones de guitarra de Alvelais y Locicero –dupla de guitarristas infravalorados donde las haya- cargan el peso de una canción que cobra vida propia llevada al escenario. Anderson hace gala de su registro agresivo y robusto, mientras lo hilvana con ciertos pasajes de estridencia en el ya clásico estribillo. Un corte perenne, magistral y que deja entrever todas las idiosincrasias musicales de Forbidden en una caótica y destructiva, pero brillante, actuación en directo. Escuchen cómo el bastardo de Bostaph rompe su kit de batería con una energía cuasi inagotable –su rol en esta banda le acabó de valer como reemplazo de Dave Lombardo en Slayer (dos veces).

La siguiente la considero un clásico un tanto olvidado de este estilo llamada Chalice of Blood. Luego de ese estupendo alarido de Anderson –demostrando por qué es una de esas voces talentosas del género-, los instrumentistas van por la yugular y te atacan con una tormenta de Metal del más alto nivel. El estribillo es muy en la línea de lo que se hacía por esas fechas y el aporte de los dos guitarristas es, como siempre, fenomenal. ¿Qué más decir del corte, además de que es una de esas joyas imperecederas que debe ser escuchada por cualquier aficionado de este estilo de música? Y si piensan que eso estaba estupendo, lo que viene a continuación es una forma memorable para terminar este breve, pero brutal, concierto. Through Eyes of Glass es el corte favorito de un servidor de esta banda y encarna todo lo bueno de Forbidden en seis minutos y medio de una intensidad imperial: las vocales de talla mundial de Anderson, el binomio guitarrero de Locicero y Alvelais desplegando riff tras riff de una calidad incuestionable, el poderoso bajo de Matt Camacho –una figura en las sombras de Forbidden que solidifica todo lo que hacen- y un Paul Bostaph soberano en la batería. La canción es un deleite pesado a la par de técnico; melódico al igual que avasallador. Un balance que no ostentaban todos los grupos de la época y que, irónicamente, tal vez le costó a estos muchachos darse a conocer a una mayor audiencia –simplemente tenían un poco de todo.

Ahí lo tienen: casi media hora del mejor Thrash Metal técnico que van a poder conseguir en una actuación para el recuerdo. Lastimosamente, no hay ninguna grabación de todo el concierto, pero eso hubiera aún más épico –algo así como el hecho de que Maiden jamás hizo un directo del magno Somewhere In Tour. De todas maneras, aquí tenemos este breve y fabuloso testimonio de una de esas grandes bandas que probablemente pudieron haber dado más, pero que la época en la que surgieron –finales de los 80s- ya era demasiado tarde con los cambios que la escena iba a endurar. Aunque bueno, eso es material para otra historia.

Raw Evil pecará por su brevedad, pero que eso no engañe a nadie, ¿eh? Es un EP y para eso estaba diseñado y, además, en cuatro temas hay suficiente calidad para enganchar a los oyentes más exigentes. Por allá, en el ’89, estos cinco gringos conquistaron el Dynamo con una actuación fenomenal y nos dejaron deseando más con este magno EP. Ya luego saldría el brillante Twisted Into Form y sabríamos, sin ninguna duda, que la espera valdría la pena. Y con un EP como éste haciéndonos compañía, ¿cómo no iba a serlo?

miércoles, 3 de febrero de 2016

Interview: Matt Drake from Evile



Note: if you want to read the Spanish version of this interview, go here.
Nota: si desean leer la versión en español de esta entrevista, vayan para acá.

British Thrashers Evile have been going for a bit of a transitional period since 2014. After the release of their fourth and more than potable album, Skull, their lead guitarist, Ol Drake, left the band in amicable terms and auditions were held for a long time until hiring their new man, Piers Donno-Fuller. While not quite upfront in the Metal realm, Evile have become a steady ship in the last couple of years and this new era would prove vital in the band’s future endeavors. So, if you want to know what’s going on with a band, what better way to find out than to talk with one of the leaders? So I contacted Matt Drake, Evile’s vocalist and second guitarist, for a quick interview.

Truth be told, the interview was planned months ago but Matt had some personal issues to deal with before taking the time to talk with me. As usual, I tried to cover different subjects about the band and the musician’s careers, so I hope you have a real kick about it. The man himself was quite open about several subjects and we get to see the opinion of a man committed to his project and to his ideas as a musician. And I tried to get the answer from a very specific matter, but to no end –Matt vas very careful with that.

KT: thank you for taking the time to do this, Matt. It’s a pleasure.
MD: no problem at all. Sorry it took so long to get back to you; not very speedy for a man in a Thrash Metal band!
KT: how did you get into Metal music and why you wanted to learn to play the guitar?
MD: I had grown up listening to my dad’s music: Queen, Led Zeppelin, Hendrix, Wishbone Ash – all guitar based music. It’s something that’s always been there with me so it just felt natural to want to play guitar -Brian May is my guitar hero. I got into Metal through Ben, Evile’s drummer; one day at school he lent me a tape of Master of Puppets and I was hooked; I went out straight away and bought as many of their albums as I could afford. From there I heard about Slayer and Sepultura, and this kind of music captivated me; I wanted more of it, I wanted to be a part of it, I wanted to play it.
KT: can you tell me the story of Evile’s inception?
MD: We originally got together as a covers band with no aspirations of anything else: we just wanted to play our favourite songs, mostly Metallica! It was me and Ben at first, then my brother joined but we needed someone to play bass. We didn’t know anyone so we put an ad in a local guitar shop and that’s how we found the mighty Mike Alexander. For a few years we played covers and we started to want more, it never felt right being applauded for doing something that somebody else created so we wanted to create our own music. When we had enough songs that we could make a set with we decided to change the name of the band to Evile. 
KT: Why the name Evile?
MD: I was originally doing loads of logo sketches using the word Exile, looking around the internet there were about 2,300,457 bands all using the word exile so I just changed the X to a V and it felt right. There was no significant meaning attached to it, it just felt good and it seemed to suit us and the music we were making; we then had the logo made up by a guy called Lee Gaskins who did a great job on the logo and the artwork for our Hallows Eve and Hell Demo EP’s.
KT: you guys started as a cover band. Which songs you used to play?
MD: Mostly Metallica. We would try and change songs quite a lot but we did stuff like Master of Puppets, Battery, Four Horsemen, My Friend of Misery, Sad But True, One, Creeping Death, Of Wolf and Man, Seek and Destroy, etc. 
KT: the band was formed in the early 2000s. England has never been such an easy place to play Thrash and get recognized. How hard was it to promote the band in those circumstances?
MD: we never really thought about it that way. We just wanted to play shows, so we would get any that we could and travel to them; it didn’t matter where, we played a lot of local shows too so that helped prepare us, we just noticed that more and more people were coming to the shows so it made us want to do more and more. We were lucky in that we got to do all this with a few other bands that had the same ideas as us, Pitiful Reign and Headless Cross -we played a lot of shows with them.
KT: in your debut I noticed a heavy Slayer and Metallica influence but you started to slightly change your sound through each album. Was the change intentional or it has been just a natural progression?
MD: it’s a bit of both; we want to learn from things we don’t do well and better things we can do well; we also don’t want to repeat ourselves too much, we’ve tried to give each song and album its own identity, part of that is down to how they’re recorded as well. Another part is I always want to get better at singing: on the first album I couldn’t, I really hurt myself recording that as I didn’t know what I was doing, for Infected Nations I learned how to use my voice properly and with power without damaging myself but didn’t learn how to sing any notes unfortunately! For Serpents I learned how to do both so there is a natural progression there, I think we’ve got closest to what Evile should be with Skull, I am hugely proud of that album. 
KT: lyrics wise, who is the writer of the band and you come up with the concepts for them?
MD: lyrics are mostly me. In the beginning, Mike wrote quite a lot; he wrote lyrics for Thrasher, Killer from the Deep, Armoured Assault; Ben wrote Man against Machine and I wrote the rest. From that point onwards I wanted to explore different themes other than war, death and sharks so I started writing the lyrics, themes and titles. Some of them I leave purposefully vague so people can read them how they want. I really enjoy doing it, it’s a challenge to come up with good hooks that fit with the riffs, I’m really proud of how Tomb and Head of the Demon came out.
KT: it was pretty shocking to see your brother, Ol, leave the band. Why he left the band? Was it a friendly separation?
MD: He left for his own reasons, from what he has said he just didn’t want to tour anymore and was fed up of not having any money. I found it to be quite a shame because there is nothing that could make me leave Evile, except old age. It was a completely friendly separation; we had no right to say what he wants to do with his life is right or wrong, on a personal level we actually get on better -being brothers we always clashed quite a bit when writing.
KT: how was the process to replace him? Because is not only about finding someone who can play the Evile tunes, but you guys need to find someone who you feel a good chemistry with.
MD: the chemistry is the most important part to us. We were really lucky with Piers, we just took our time to make sure we found someone we could be happy spending time with. It happened the same way with Joel, we found someone local who is a good player who fits right in with us – lazy!
KT: if I’m allowed to say it, your last two albums see you as a much more complete outfit than the first two; you found a certain balance between heaviness, speed and melody. Do you see the band doing some experimentation in the future? Maybe in this upcoming album?
MD: thank you, I have to agree. I’m very proud of our last two albums; Skull is going to be a tough one to beat. We will definitely be trying different things in the next set of songs, Ol was the main songwriter along with myself so without that dynamic it’s going to be very different. We will see what happens!
KT: what can you tell us about the new Evile album? How is the writing process going and when can we expect it?
MD: we have only just started putting some ideas together and we will spending all of 2.016 writing. There have recently been a lot of personal things to deal with outside of the band so hopefully we can get down to writing once everything is settled; it may take us a while but we’ll get there and hopefully it will be worth the wait, we write for us from now on, not to any deadline.
KT: how it is to work with the new guitar player, Piers Donno-Fuller? What does he bring to the musical table?
MD: Piers is brilliant and he’s a really great guitarist. We don’t know what he brings just yet, we will be finding out when the writing begins properly!
KT: do you find hard singing this type of music style on the road? Do you do any vocal exercise to keep your pipes in shape on tour?
MD: I have a few rules I stick by when on tour: no drinking, lots of sleep, do an hour of warm ups before going on stage. I have 30 minutes of exercises and scales I do; I’ve been doing them for years, ever since I went to a vocal coach called Talena Cuthbert, she was fantastic and gave me these exercises to do, they go everywhere with me. So after a show when everyone goes drinking and socializing (if we aren’t travelling) I will be straight to bed to get as much sleep as possible. If anyone questions that my answer is that it’s like me taking their guitar out and pouring beer over it, will it work tomorrow? Probably not.
KT: there have been criticisms to bands like yours because you play a style that was set back in the 80s. Have you had worries in the past or in the present about the band just being seen as a clone of the classic Thrash acts?
MD: people can see us however they want to. It’s a genre we all love, yes, we aren’t going to pretend we’re setting the world on fire though; all we want to do is play live music and the songs we write allow us to do that because I think we’re straight up with people about who we are and what we do. As long as we keep writing good songs hopefully people will keep coming to see us. We’ve never worried about it; all we can do is just keep doing what we do and be ourselves.
KT: in several interviews you mentioned the fact that you have regular jobs to provide for yourselves and the band financially. What kind of jobs have you done?
MD: I have worked full time for the local government for the past 8 years, mostly as a temporary worker so I can come and go when I need to for tours. I’ve mostly worked in children’s services. It’s difficult to juggle both things, but it’s worth the effort.
KT: obviously, you are a huge Thrash fan. But leaving that style aside, what other musical interests do you have? Do you have any other musical intrigues?
MD: I love loads of different styles of music; anything from Creedence Clearwater to Nick Cave, Neil Young, Cypress Hill, Film scores, Genesis, Entombed, Blondie, Soundgarden, Michael Jackson.
KT: name your Top 10 of favorite albums of all time.
MD: in no particular order:
Paradise Lost – Draconian Times
AC/DC – Highway to Hell
Queen – Queen II
Soundgarden – Superunknown
Wishbone Ash – Argus
REM – Out of Time
Creedence Clearwater Revival – Green River
The Beatles – Rubber Soul
Pantera – Cowboys from Hell
Pink Floyd – Wish You Were Here
KT: looking on your career so far, do you see the band going for a long time? Considering the reception, the musical style and other factors, can you see yourself playing this style and with this band in, say, 15 o 20 years, like so many bands have done?
MD: I can’t see myself playing with any other band -I’ll be doing Evile until I physically cannot. If I don’t take it as far as it possibly can go then I will regret it.
KT: what’s the song Long Live the New Flesh about?
MD: I’ll never tell!
KT: and finally, could you give us one final message for your fans and readers?
MD: thank you for the years you have followed us, there will be many more to come \m/